Una población sensibilizada y familiarizada con la ciencia y la tecnología mejora la toma de decisiones individuales (como pacientes, como consumidores, en el trabajo, en la vida diaria) y, en un plano público, constituye una población más abierta a la innovación y al aprovechamiento de las oportunidades de los procesos de cambio globales.
Imagino que cualquier persona estará de acuerdo con esta afirmación. La he sacado de la introducción del Estudio internacional de cultura científica realizado por la Fundación BBVA. En él, se evalúa el interés por la ciencia y el conocimiento de esta que tiene la gente en diez países de la UE y EEUU.
La parte dedicada al conocimiento general de la ciencia ha trascendido a los medios de comunicación, es ampliamente sabido que España ocupa un puesto muy lamentable. El perfil del español en este estudio se completa considerando los demás aspectos evaluados en el estudio. Comparado con el europeo medio el español tiene el mismo interés por la ciencia, aunque se siente menos informado. No realiza ninguna actividad para informarse, con la posible excepción de ver tv y ojear algún suplemento del periódico.
Considera que la publicación en una revista científica tiene la misma importancia que la publicación en un periódico o tv para llegar a la conclusión de que una teoría científica es verdadera, y es el que peor entiende que una teoría científica considerada verdadera puede dejar de serlo en el futuro.
Hace unos días escribí sobre los recortes de inversión publica en educación e investigación. Argumentaba entonces que no debíamos permitirlos ya que no podemos dejar en manos de nuestros corruptos e ineptos políticos estas decisiones, fundamentales para nuestra sociedad. Al fin y al cabo le pedía a este español que acabo de retratar que reaccionase, pero él no me entendía.
Ahora veo porqué no hemos rechazado que cercenen nuestra capacidad de construir el futuro sobre la base del desarrollo y la innovación. El español no se siente cercano a al ciencia, no la entiende y no hace nada por entenderla. Es inútil esperar que comprenda su valor y aprecie su importancia.
Confío en que buena parte de la culpa de la penosa situación que vivimos recae en nosotros, los científicos y los divulgadores. No hemos realizado eficazmente nuestra parte del trabajo que es acercar la ciencia a la sociedad. Confío en que podemos mejorar.
